No se trata de borrar el pasado, sino de transformarlo en futuro.
Quintanar de la Orden lleva años debatiéndose entre la nostalgia y la necesidad. Entre lo que un día fuimos y lo que podríamos llegar a ser. Y pocas imágenes representan mejor ese dilema que la antigua Plaza de Toros: un espacio privilegiado, simbólico… y hoy convertido en un conjunto de ruinas que no ofrece ni utilidad ni dignidad.
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| Fotografías de 2023 |
Durante demasiado tiempo se ha alimentado la idea de que la Plaza de Toros de Quintanar de la Orden podría recuperarse mediante eventos benéficos, iniciativas voluntaristas, actividades puntuales promovidos por grupos o/y asociaciones con el propósito de conseguir ingresos, apoyo y/o sensibilización para la restauración. Pero conviene decirlo con claridad: ningún edificio en ese estado puede reconstruirse a base de buenas intenciones. La rehabilitación de un espacio así exige inversión pública, planificación técnica y una visión cultural a largo plazo por parte de instituciones oficiales locales, provinciales y regionales. Pensar lo contrario es confundir deseo con realidad.
Mientras tanto, Quintanar sigue careciendo de algo que sí es urgente, necesario y estratégico: un Auditorio moderno, versátil y acorde con los tiempos. Un espacio capaz de acoger conciertos, teatro, conferencias, festivales, presentaciones, encuentros educativos y actividades que hoy, sencillamente, no tienen un lugar adecuado donde desarrollarse, lo existente en estos momentos, tenemos que reconocerlo, se encuentra obseloto.
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| Fotografías de 2023 |
Un Auditorio en Quintanar de la Orden no es un capricho; es una infraestructura cultural de necesidad prioritaria que dinamiza la vida del pueblo, atrae actividad económica y proyecta una imagen de modernidad y ambición.
La antigua Plaza de Toros, junto a terrenos limítrofes, es, por ubicación y dimensiones, el lugar idóneo para ello. No se trata de borrar el pasado, sino de transformarlo en futuro. De convertir un símbolo de decadencia en un motor de vida cultural. De apostar por un proyecto que beneficie a toda la ciudadanía, no por mantener un edificio que ya no cumple ninguna función.
Quintanar merece un espacio a la altura de su gente, de su tejido asociativo, de su actividad cultural y de su potencial. Y merece, sobre todo, decisiones valientes que miren hacia adelante. La pregunta no es si podemos reconstruir unas ruinas con eventos benéficos. La pregunta real es cuánto tiempo más vamos a dejar pasar antes de construir lo que de verdad necesitamos.
No hace falta recordar los edificios que, por falta de coherencia, de diálogo, de decisiones y de unión entre grupos y partidos políticos a lo largo de los años, han terminado convertidos en solares, en centros improvisados de juegos, en estructuras semiderruidas o directamente en ruinas.
Es mi opinión. solo eso. Paco López


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