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| Isidro Moreno Carrascosa |
El pasado sábado 7 de febrero tuvo lugar, en el Salón de Actos de la Casa Regional de Castilla La Mancha (C/ La Paz, 4, Madrid), la presentación oficial de la antología de microrrelatos GÉNESIS.
Entre los autores participantes se encuentra Isidro Moreno Carrascosa, natural de Quintanar de la Orden y residente en Ciudad Real. Formado en psicología, idiomas y música, su trayectoria vital siempre ha estado marcada por una profunda inquietud artística, con una vocación inicial orientada hacia el arte dramático.
Nos sentimos verdaderamente privilegiados. Gracias a Isidro por permitirnos disfrutar de sus dos microrrelatos incluidos en GÉNESIS, pequeñas piezas literarias que reflejan su sensibilidad, su mirada personal y su capacidad para condensar relatos y emociones en apenas unas líneas.
Por una moneda mal acuñada, en vez de Argel, fue Veracruz, y cuanto luego aconteció.
Miguel fue capturado por los turcos, pero al venderlo, un mercader miope confundió la inscripción del ducado y lo embarcó rumbo al Nuevo Mundo.
En el pestilente galeón, Cervantes vomitó metáforas y blasfemias durante más de dos
meses del agónico viaje.
Desembarcó en la Nueva España sin saber una palabra de náhuatl. Deambuló entre
frailes, pirámides, conquistadores jubilados y caballos con aires de grandeza, hasta que, en un sueño sustanciosamente alucinante, conoció a un hidalgo flacucho que confundía cactus con dragones y hablaba de honor mientras perseguía iguanas con una rama. A su lado, un campesino regordete y sabio, un tal Pancho Chanzas, intentaba vender salchipapas y traducirle al amo cualquier lengua.
Cervantes los siguió, al principio por curiosidad, luego por cariño. Anotó todo. Escribía con fiebre y picaduras. Redactó sin saber si soñaba o deliraba.
Cuando por fin regresó a España, nadie quiso publicar su manuscrito. “Muy raro”,
decían. “¿Caballeros andantes en América?, absurdo”. Lo reescribió ambientándolo en La Mancha, quitó las iguanas, cambió las tortitas por duelos y quebrantos… y así nació El Quijote.
Años después, una versión firmada por “Zerban el Manco”, apareció en un códice indígena. Era la historia original. La verdadera.
Pero nadie lo creyó.
Isidro Moreno Carrascosa
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TREGUA TÁCITA
Esa primavera no alegraba como antes, el sol se escondía tras un velo de polvo y los ríos habían enmudecido. Entre los animales no se distinguían las presas de los depredadores.
Una paz inédita, apática y triste arrastraba un silencio de piedra, seco y duro. Los árboles
habían empezado a morir de pie y los ríos ya eran menos caudalosos.
Hearthrex, jefe del numeroso clan, convocó a todos, tanto a los suyos como a grupos
vecinos, amigos o enemigos de todas las etnias y especies que poblaban aquel vasto y, antes,
fértil territorio.
El gran Hearthrex fue explícito. Señaló, con mirada triste, la estrella que crecía en el
firmamento, inmensa, como un dios sin rostro que se acercaba lenta, inexorable, y no traía
promesas, solo despedida. Exaltó la dignidad de los presentes, no habría tiempo para duelos.
Quizá en un futuro, otros les recordarían.
Acabada la asamblea, Hearthrex, el tiranosaurio líder y rey de ese mundo, con dignidad serena explicaba a sus crías que, muy pronto dejarían de existir todas las especies de dinosaurios a pesar de que, por millones de años, habían sido los dueños de la Tierra.
A los tres días, la faz del mundo cambió por completo.
Isidro Moreno Carrascosa
Los autores que forman parte de la antología son numerosos: Margarita Álvarez Rodríguez, David Álvarez Sánchez, Alberto Blanco Rubio, Antonio Bustamante Ramírez, Carlos d’Ors Führer, Vicente Martin Crespo, Julietta Deossa, Concha Galán Gil, Cristina Galán Rubio, María Antonia García de León Álvarez, Itxaso Garmendia Pizarro, Victoria Gasané Álvarez, Fernanda Hermida Garel, Jacinto Herreras Martin, Cristian Lázaro García, Ana María López Expósito, Juan López Martínez, Margarita Violeta Marín Rodríguez, Ángeles Martínez Martínez, Alberto Morate, Isidro Moreno Carrascosa, Antonia Piqueras Jiménez, Carmen Robledo Forés, Rosa Rodríguez Núñez y Juana Vázquez Marín.
El libro está ilustrado con pinturas y dibujos del escritor y pintor Antonio Fernández Molina (1927-2005), que la dirección de la Casa de Castilla La Mancha ha querido rendir un homenaje con la publicación de esta antología.
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