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Cuando la política se aleja de la gente, la juventud alza la voz más allá de las siglas.

Imagen: El Diario.es
    Observo con sorpresa la actitud de incomprensión e incluso cierto desprecio hacia las personas que participan en la manifestación y acampada de la Puerta del Sol, así como en otras plazas de distintas ciudades españolas.

   No suelo opinar abiertamente sobre cuestiones políticas. En los últimos tiempos he perdido gran parte de mi confianza en la política y en las intenciones de quienes la ejercen. Del mismo modo, también me generan dudas algunas instituciones cuyo cometido debería ser resolver los problemas de la ciudadanía, sin distinciones de pensamiento, nivel económico o condición social.

     Dicho esto, considero que los manifestantes de Sol están ejerciendo un derecho legítimo: defender el acceso a una vivienda digna y asequible para todos. Y creo que esta reivindicación debería encontrar apoyo, igual que la defensa de una educación pública de calidad, el acceso universal a la universidad, el talento de una persona no se puede perder por falta de recursos, por una sanidad pública y gratuita y unos servicios públicos que garanticen la igualdad de oportunidades para toda la ciudadanía.

   

Foto: Sergio C. Fanjul
 No debería haber privilegios para nadie. Los derechos conquistados gracias al esfuerzo y la lucha de generaciones anteriores no pueden desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. Son logros colectivos que han contribuido a construir una sociedad más justa y cohesionada.

    La defensa de estos derechos, cuando se realiza desde el respeto, sin insultos y sin violencia, es una causa legítima. Por eso, independientemente de nuestras ideas o sensibilidades políticas, merece ser escuchada y, en la medida de nuestras convicciones, apoyada.

    Los problemas actuales difícilmente se resolverán pasando la pelota de una institución a otra, eludiendo responsabilidades y anteponiendo intereses partidistas. Los intereses de buena parte de la clase política parecen haberse alejado de los de la gente corriente: trabajadores, estudiantes y jubilados que afrontan cada día las consecuencias de decisiones tomadas lejos de su realidad. Alguien tiene que dar un paso al frente, y quién mejor que quienes históricamente han impulsado los grandes cambios sociales: los estudiantes y la gente joven, preparada, comprometida y con ideas que aún no han sido domesticadas por la inercia del sistema.

Es mi opinión, solo eso.

Paco López