España sabe trabajar en equipo. Lo que falla no es la gente: es la política.
La selección española de fútbol acaba de demostrar algo que debería avergonzar a más de uno: cuando se trabaja en equipo, España funciona. Y funciona muy bien. En el vestuario conviven jugadores de pieles distintas, religiones diversas, acentos que vienen del norte y del sur, de Euskadi, Cataluña, Andalucía, Extremadura o Galicia. Todos diferentes, todos necesarios. Y todos empujando en la misma dirección. No necesitan discursos grandilocuentes ni banderas gigantes para entenderlo. Saben que la diversidad no es un problema: es una ventaja. Y que el objetivo común está por encima de cualquier etiqueta.
La diversidad no es un problema, es una ventaja.
En el campo no hay sospechas, ni prejuicios, ni trincheras. Hay respeto, trabajo y una idea compartida: representar a un país con dignidad. Y entonces ocurre algo que en la vida pública parece imposible: la bandera deja de ser un arma arrojadiza y vuelve a ser un símbolo de todos. Por unas horas desaparecen los “rojos” y los “fachas”. Solo queda la gente celebrando algo que les pertenece por igual.
Lo más revelador es que hasta los tertulianos —profesionales del conflicto, expertos en incendiar cualquier conversación— se ponen de acuerdo cuando la pelota rueda. La “pelotita” consigue lo que la política no sabe, no quiere o no puede: bajar el volumen, escuchar, reconocer al otro. El fútbol, con toda su imperfección, ofrece una lección de convivencia que nuestros representantes llevan años suspendiendo.
Porque la verdad es simple: España ya ha demostrado que sabe trabajar junta. Lo vemos cada vez que once jugadores salen al campo y nos recuerdan que este país, cuando deja de pelear consigo mismo, es imparable.
Así que quizá haya llegado el momento de decirlo sin rodeos: el problema no es la ciudadanía. El problema es una política que vive del ruido, de la división y del miedo. Si nuestros dirigentes quieren que España avance, ya tienen el modelo delante: equipo, respeto y propósito compartido. No es ciencia ficción. Es lo que ya funciona.

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