
Nicoleta Talpa
La máquina de escribir es elegante. Para algunos es solo una pieza para decorar un rincón de la casa, o de su oficina, para conseguir un ambiente agradable. Pero para mí, forma parte de mi vida, yo escribo con ella a diario. Me encanta el sonido, escuchar el clack, clack, clack, de la máquina, disfruto escribiendo con ella. Mis dedos ya están acostumbrados a golpear las teclas, es cierto que no puedo olvidar lo que me costó lograrlo. Días y noches estuve insistiendo desde aquella noche mágica en que me la trajeron los Reyes Magos.
Aquel año escribí la carta a Sus Majestades, acompañada por el dibujo de una estrella de Oriente que le había enseñado a dibujar a mi hermana pequeña. Mi hermano mayor también enseño al pequeño a escribir su carta:
–Tenéis que disfrutar juntos y cuidar unos de otros –dijo mi padre.