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Instantes del Alma (Día de San Valentín) por Nicoleta Talpa

 

Amor,
    Te escribo estas líneas y añadiré diez fotos del día que nos conocimos.

     Hoy es uno de los días más especiales, San Valentín, y me siento muy agradecida de tenerte a mi lado. Eres la persona más amable que he conocido, tienes el corazón más grande y el alma más hermosa. 

     Ese encuentro en Toledo, donde los dos estábamos haciendo fotografías, fue más que un simple cruce de caminos. Fue el inicio de una historia que cada día se escribe con más amor y complicidad.

    A mí me encantaba cómo el sol de la mañana se filtraba por las estrechas calles, pintando de dorado las piedras centenarias mientras tú fotografiabas todo a tu alrededor diciendo: “Lo mires como lo mires, Toledo siempre enamora”.

    Recuerdo cómo el sol se reflejaba en tus ojos mientras capturabas la belleza de la ciudad. Desde entonces disfrutamos juntos del mundo, aunque nuestra pasión por viajar y fotografiar empezó mucho antes de conocernos. Contigo he aprendido que el amor es una aventura constante y sé que los recuerdos que capturamos aquel día cambiaron nuestras vidas para siempre. 

    Quiero que sepas que cada instante a tu lado ha sido un regalo que atesoro en lo más profundo de mi corazón. Me encanta cómo haces que las cosas más simples se sientan extraordinarias. Ya sea un paseo por el parque o mirar nuestras fotos, tu presencia transforma cada instante en algo mágico. Tu generosidad ilumina mis días y la forma en que cuidas a los demás me deja sin palabras. Eres una persona increíble y te mereces todo lo bueno que la vida pueda ofrecerte.

     Mi amor por ti crece con cada momento que compartimos y no puedo evitar imaginar un futuro juntos. Un futuro donde sigamos construyendo recuerdos, donde cada día sea una oportunidad para crecer y aprender juntos. 

    Amor mío, no haré una lista de promesas, pero quiero que sepas que estoy aquí por ti, a cada paso del camino. Estaré lista para enfrentar cualquier aventura que la vida nos depare. 
Gracias por ser tú, por amarme como soy y hacerme sentir la mujer más amada del mundo. 
Con todo mi amor

Nicoleta Talpa 

El Copo de Nieve por Nicoleta Talpa

 
Nicoleta Talpa

  En Trevélez, el pueblo más alto de la península, hay paisajes espectaculares. Eso sí, todo cuestas, calles estrechas, empedradas…, originalidad que lo acredita como uno de los pueblos mas bonitos de España y uno de los primeros pueblos en recibir las nevadas.

     Un día frío de invierno, dos semanas antes de la Navidad, un niño llamado Rubén estaba esperando con ansia el regreso de su madre del hospital. Su corazón latía con emoción y un poco de preocupación, la casa todavía no estaba decorada y tampoco habían comprado el árbol de Navidad. Su padre le prometió que, en cuanto volviera su madre, irían los tres a por uno y los decorarían la casa como una familia feliz. 

     Rubén miraba por la ventana, con la nariz pegada al cristal empañado mientras los copos de nieve caían suavemente del cielo. El niño sabía que, sin su madre, la Navidad no sería lo mismo. Ella lo hacía todo especial: las galletas de jengibre, ponía villancicos y contaba historias mágicas sobre la Navidad.

   Recordó una leyenda sobre los copos de nieve, justo cuando uno de ellos se pegó a la ventana frente a la cara del niño y formó una pequeña flor de hielo.

    Rubén parpadeó. Vio el copo brillante y diferente de todos los demás. Entonces se le ocurrió una idea genial: salir a la calle y hacer un muñeco de nieve. “Haré algo para sorprenderla,” se dijo. Todo estaba cubierto de un blanco brillante y él miraba al cielo esperando ver caer esos copos mágicos. Estiró su mano y un copo aterrizó suavemente en su palma. Por un instante, el sintió una conexión mágica con la naturaleza, como si formara parte del entorno. Sintió la tristeza profunda que puede experimentar un niño, pero también su esperanza.

¡Hola Rubén! —dijo el copo, sorprendiéndolo—. Cada copo de nieve puede conceder un deseo y estoy aquí para ayudarte a cumplir el tuyo —le explico. 
 

Rubén pensó en su gran deseo: quería que su madre regresase a casa pronto, sana y feliz. La extrañaba mucho. Justo en ese momento escuchó el sonido de un coche. ¡Era papá! Y en la parte de atrás venía ¡mamá! 
Ella bajó del coche, despacito, con mucho cuidado, envuelta en una gran bufanda blanca y con una sonrisa enorme.

Mi pequeño explorador —decía. 

   Rubén corrió hacia ella y la abrazó con fuerza. “Vamos a tener una Feliz Navidad”, gritaba. 
   Al día siguiente, los tres fueron a por el árbol de Navidad y empezaron a decorar la casa. Habían esperado con ansiedad este momento durante mucho tiempo. La casa estaba llena de emoción y de cajas repletas de adornos navideños, de luces de colores, bolas brillantes y figuras. Y copos de nieve, muchos copos de nieve. Mientras empezaban a colocar las luces, mamá comenzó  a narrar una historia: “Érase una vez un copo de nieve…”. Rubén, emocionado, añadió: “Era un copo diferente a los demás, brillaba con un destello especial, como si llevara una gran luz interior…”.

Mamá le sonrió. Aquella noche, mientras miraban las luces parpadeando, Rubén sabía que esa Navidad sería la más mágica de todas, porque estaban los tres juntos.
                                                         
Nicoleta Talpa 

ROSAS BAJO LA NIEVE por Nicoleta Talpa

    En un  pequeño pueblo rodeado de montañas, donde el invierno se adueñaba de cada rincón, las calles estaban cubiertas por un manto blanco que parecía eterno.

     La nieve caía suavemente, cubriendo todo a su paso, pero en el jardín de la casa de Alma un milagro se estaba gestando. Allí, bajo la nieve, florecían rosas, desafiando al frío y la adversidad.

    Alma había vivido en ese pueblo toda su vida, junto a sus padres y su abuela, que era florista. Su tienda, “El jardín de las rosas” era un refugio de colores vibrantes en medio de la montaña blanca del invierno. Alma, con su cabello dorado como el sol y los ojos como dos lagos en calma, era conocida por su curiosidad insaciable. Se pasaba todo el día ayudando a su abuela en el jardín, cuidando las rosas y plantando nuevas flores, y también recogían con mucho mimo flores para la tienda. Según su abuela, en este pueblo la nieve  no solo era un fenómeno natural, era mágica y tenía un poder especial que solo se revelaba en momentos de verdadera necesidad.

     Una tarde, mientras la nieve caía suavemente, un nuevo cliente entró en la tienda buscando un ramo de flores para su madre. Era Carlos, un joven artista que había regresado a su hogar tras varios años en la ciudad. Alma, sorprendida por su presencia, sintió que algo en su interior se despertaba.

    Mientras que Alma organizaba un ramo de rosas, Carlos se acercó y miró las rosas y a ella. Intrigado por las rosas que desafiaban al invierno, se acercó preguntando: “¿No se han congelado las rosas con la nieve?”.

   Alma sintió que sus mejillas se sonrojaban, pero aun así le sonrió y le habló sobre cada variedad de rosa con su amabilidad habitual.

“Es verdad que a veces la nieve puede escondernos las cosas bonitas que tenemos delante, pero la nieve aquí es mágica”, respondió Alma.

    Carlos cogió aquel ramo y, cuando llegó a casa y lo entregó a su madre, la aldea se inundó de risas y abrazos. Su hogar era un lugar cálido y acogedor,  que había echado de menos y pidió perdón a su madre por tardar tanto en volver a casa. Se sentía muy bien allí, en aquel pequeño pueblo que brillaba bajo la nieve, y sentía que el hogar no solo es un lugar, sino también una sensación de calor, comodidad y presencia. 

    A través del estrecho camino cargado de nieve, Carlos volvió al día siguiente a visitar la floristería. Caminaba por el pueblo, donde el tiempo parecía congelado y cada paso que daba parecía un cuento de invierno, pero sabiendo que  justo detrás de la puerta de aquella floristería estaba ella, Alma.

    A medida que pasaban los días Carlos comenzó a visitarla con frecuencia. Con cada encuentro, la conexión entre ellos se fortalecía, paseaban por el pueblo, conversado durante horas mientras la nieve caía suavemente a su alrededor.  El cielo ardía con suaves tonos de rosas y naranja con el último susurro de luz del día antes de que la noche tomase el control. Compartieron chocolate caliente en la cafetería local, donde el aroma del café recién hecho llenaba el ambiente, y Alma sintió que su corazón latía con más fuerza cada vez que Carlos estaba a su lado. La química entre ellos era innegable.

      Una noche, mientras la nieve caía, Alma invitó a Carlos a pasear por su jardín. Allí, entre luces y flores, le confesó que había estado esperando a alguien especial para compartir su amor por la naturaleza. Carlos le confesó sus sentimientos y le dijo que ella le había enseñado otra perspectiva sobre la vida.” Ahora lo sé, la nieve ha tenido el poder de unirnos. Me ha llevado por un camino desconocido, solo para encontrarte.” Una ráfaga de viento sopló, envolviéndolos en copos de nieve. Ambos rieron y  Alma sintió que su corazón se derretía como la nieve bajo el sol.

   Aquel invierno fue siempre para ellos un recuerdo feliz. Las rosas bajo la nieve se convirtieron en un símbolo de su amor, recordándoles que incluso en los inviernos más duros siempre hay lugar para la esperanza y la belleza. Los dos encontraron en aquel jardín un refugio, donde el amor florecía desafiando el frío y celebrando la vida.

NICOLETA TALPA 


Recuerdos de un día de noviembre por Nicoleta Talpa

En la bruma de otoño

Nuestras ventanas son marcos libres

Las calabazas adornan las puertas

Y los jardines se llenan de colores sublimes.

Noviembre llega con su aliento frío

Se viste el cielo en rojo y grises

Y aunque en el aire hay un perfume a tristeza

Las flores de crisantemos desafía el tiempo, felices.

Junto a los arboles desnudos, despojados de sus hojas 

Hay una delgada sombra que refleja trazos de tu silueta.

Y girando silenciosamente busco el calor de tu abrazo

Porque solamente junto a ti me siento completa.

Quédate, amor conmigo

Caminaremos por un sendero de flores

En este noviembre tu luz es mi guía

Pisando un manto de hojas, lleno de colores.


Nicoleta Talpa

"Los techos de los árboles" por Nicoleta Talpa

Cuando me preguntaras hasta cuándo te amaré

Te contestaría con la dulzura de un puñado de letras, porque escribir me salva

Cuando me miraras con tu sonrisa tímida,  sorprendido

Te diría que me encantaría mirarte eternamente.

Mi corazón es un archivo de fotos nuestras, en todas estamos  felices

Pero la vida es nueva cada día y quiero disfrutarla a tu lado,

Saborearla, compartirla contigo a todas horas.

Amo tu presencia y tu mirada que me abraza.

Si pudiera, te dejaría parte de mí para que sientieras mis emociones,

Que sientas que tu presencia arropa mis sueños, mis anhelos

Y que tú eres mi trébol escondido en el césped,

que eres el verde y el cobrizo de las hojas de los árboles de mi jardín.

Aquí me hallo bajo los techos de los arboles,

Un domingo de septiembre observando el ciclo de la vida,

Y si me preguntaras cuánto tiempo te necesitaré

Te contestaría: hasta que el tiempo escriba en mi piel… 

y más tiempo si pudiera…

                                                                                         NICOLETA TALPA


Tarde bohemia por Nicoleta Talpa

Nicoleta Talpa

   No quería hablar de mí, pero inventé un lenguaje para hablar conmigo misma cuando no estás a mi lado.

¡Sabes cuantas letras puedo dedicarte simplemente pensando en ti, imaginándote!

¡Si supieras cómo te recreo en mis pensamientos cuando el mundo me pesa…! Recojo todos los momentos vividos para no sentirme sola…

Mi vacío te convoca. A veces te imagino, te dibujo con la memoria. Hay una paz que me visita cuando pienso en ti…

A veces te oigo decir que estarás allí, solo para mí, sin importar dónde esté o adónde vaya… Como una promesa…Tu voz es el hogar donde descansan mis cansados pensamientos.

Y noto tu abrazo piel con piel cruzando el tiempo, con el roce de tus manos se borran mis temores.

Y cuando esto pasa, absorta en mis pensamientos, recuerdo el olor de tu perfume.

Recuerdo cómo llevas tu jersey favorito sobre los hombros, aunque solo sea para prestármelo si refresca cuando paseamos.

Aquella  tarde que sabía a champagne, vino y poesía paseaba con mis tacones en la mano.

Andaba descalza entre viñedos, conectando con la tierra. Encontré un camino andando en la oscuridad. En cada rincón se respiraba historia.

   Fue unos de esos momentos en los que el corazón te late a mil al descubrir un melancólico paisaje. Levanté los ojos, miré todo lo que me rodeaba y vi un castillo muy antiguo, escondido entre los viñedos infinitos.

   El campo me abrazaba con su luz dorada, con su aroma a uva madura.

  Me senté en un viejo banco desgastado sobre el que ha debido de llover y nevar, y muchas personas han descansado allí a sentir con el alma.

Bajo aquel silencio escuché el eco de tu risa, tu voz me llegó al pecho rodando. Imaginé que me leías poemas con esa preciosa voz tuya en una tarde bohemia.

El pasado imaginado de aquel paisaje me emocionó: expresaba la fusión de la tradición, el tiempo y el espacio. Sentí que yo también formaba parte de esa larga cadena de generaciones que han trabajado esos campos, los han vendimiado. Imaginé su cansancio, sus risas, sus ilusiones. Fue como existir en un pasado inventado, una leyenda propia.

¡Quién sabe lo que permanece! Esos campos están hechos de cicatrices que se volvieron en flores…

He sentido tus pensamientos acariciando los míos, somos dos creadores que vuelan juntos hacia la ilusión.

Nicoleta Talpa

"Para tí" por Nicoleta Talpa

                                        

Nicoleta Talpa

    Quiero convertirme en el viento y ser todo en cada instante de tu vida.
 Quiero ser el viento y besarte, suave, entera de un solo beso.
 Convertirme en el viento para ti, para mí…

 Quiero que me sientas como una brisa suave erizando tu piel.
 Con mis caricias, con mis labios.   Cuando quemas como el sol del verano y siento el fuego de tu risa.   Cuando te me entregas. Una caricia eterna.
 
Estoy escuchando el aleteo de las aves en sus vuelos, y en mi vuelo quiero tocarte con hojas y flores de cada temporada.  
Quiero llenar tu vida de colores y olores cuando me necesitas, cuando me echas de menos, cuando estoy lejos de ti…
 
Convertirme en viento y llevarte a un lugar que,  lo sé, te va divertir.
 
Que te mime, que te quiera… Aunque no viva, aunque me convierta en una estrella, atravesaré el aire para verte y hacerte sentir que estoy a tu lado.
Que sepas que estaré delante de tus ojos, de tu ser.
Que me sientas. Que me recuerdes… Discreta.
 
Quisiera ser eso, el viento. La brisa. La luz de tu camino mientras caminas en las noches de tormenta por la ruta de Don Quijote; cuando estás cruzando la Mancha por la Avenida de los Viñedos.
Para que veas los molinos de viento o cuando leas algunos de tus libros favoritos.
 
Cuando soplo que se rompan los muros de papel, que no te pierdas por el tiempo y de pronto todo te vaya bien. Que sientas que mis ojos te miran en el silencio más allá del tiempo, de la distancia.
 
Que siempre esté en tus recuerdos, en tus sueños.
Que sientas esa conexión que tenemos, que recuerdes nuestras risas, las que vivirán en nosotros. Para siempre…
 
Soy el viento. Te llevaré a un espacio para escucharte, para decirte que nada y nadie me hizo sentir lo que percibí cuando cerré los ojos y te besé la primera vez.

Endulzas  todos los momentos que vuelo a tu lado. Silenciosa. Con tu manera de mirarme.
 
Ni se te ocurra llorar; la grandeza de nuestros deseos es más grande que todos los miedos. Nadie podrá negar nuestro amor eterno.
 
Nuestros pasos siempre se volverán a encontrar, volarán, con el viento.

Aunque no nos veamos por un tiempo, mi mente recordara tu nombre. El mío te lo llevará el aire.
Sentirás mi respiración cerca de ti cuando sople el viento…
 
Convertirme en viento para volar contigo todos los días de tu vida.
Siempre hay nuevos vientos...

Texto: Nicoleta Talpa
 

El Almendro por Nicoleta Talpa

 

   En la casa del campo había silencio cuando Encarna entró, la melancolía la invadió recordando su niñez en aquella casa, cuando volvía y sus padres la abrazaban cariñosamente. Ellos eran trabajadores de aquel viñedo que la rodeaba y que inspiraron a Encarna a estudiar y convertirse en una de las pocas mujeres viticultoras de Castilla-La Mancha. 

   Suaves brisas cálidas y los pájaros cantarines la hicieron abrir las ventanas, la puerta de la cocina y salir de la casa por la puerta trasera hacia el jardín. El sol salió detrás de las nubes y se extendió por todo el jardín, creando una atmosfera única. Allí había un toque de primavera en el aire, pequeños brotes verdes apareciendo en las flores, entre lo  bulbos de narcisos y tulipanes. Se paró a pensar la alegría que sentía al notar que el jardín florecía nuevamente. Enseguida le llamo la atención la puerta abierta por la que había salido millones de veces a pasear por el campo, ya que no recordaba haberla dejado abierta. Salió al exterior y la cerró, cruzando un pequeño y pintoresco  puente para dar un paseo por la orilla del rio, hasta que llegó a una parcela donde habían sembrado trigo, que ahora lucia un verdor incipiente.

   Justo en medio de aquel campo había un almendro gigantesco, robusto y centenario que anunciaba la llegada de la primavera. Desgraciadamente, cada año más temprano sus yemas florales se convierten en flores blancas o rosadas, llenando todo el espacio desnudo de las ramas. Aquel almendro le producía tranquilidad y confianza, y desde la infancia era su confidente. Él conocía su historia y nunca la contó a nadie, era sido testigo de todos sus cambios y pensamientos íntimos, y siempre guardó sus secretos; por eso , cada vez que lo visitaba sentía que se le alegraba el corazón. Nunca pasaba por allí sin detenerse  a verlo y contarle sus cosas. Lo hacía durante todo el año, pero al final del invierno y en primavera, durante su floración, le gustaba acompañarlo en ese proceso. Esa renovación de la vida, que se repetía cada año, le aportaba  una luz poderosa, y después, durante mucho tiempo, aquello le daba fuerzas para seguir adelante. En la naturaleza existe ese proceso mágico que recarga nuestras fuerzas y podía pasar horas observándola, sintiéndose invisible para el mundo y el mundo para ella.

 Ese día primaveral se sentó como si temiera estropear el tapiz verde alrededor de su viejo amigo, el Almendro.

-Siento haber tardado tanto… 

 Curiosamente, un poco después, el viento empezó a soplar lentamente  y varios pétalos rosas y blancos ondearon al viento, como una fina nevada alrededor del almendro. Aquella nevada la acarició como si su amigo quisiera mostrarle toda su delicada belleza, o tocarla a su manera. No pudo evitar esbozar una sonrisa y exclamar: 

-¡Qué hermoso! Abraza los ritmos de la naturaleza y deja que nutra tu alma…

   Con la vista puesta en el paisaje recordó que  allí, en aquellas tierras, había vivido lo bueno y lo malo que la vida le había dado. Allí había sentido la pasión, la ilusión del amor. Allí, a la sombra de aquel Almendro, sintiendo aquel maravilloso olor, había tomado las decisiones más importantes de su vida. 

    Encarna se levantó y se acercó a una rama baja que colgaba. Era una delicia contemplar los insectos y las abejas, posándose en las flores para chupar su néctar. De repente, sintió unas ganas terribles de tocar esa rama. La agarró, acercándola para sentir su olor, inhalando su fragancia. Hay algo mágico en aquel Almendro: su olor suavizante y calmante, llenándola de nostalgia en aquel día primaveral. Simplemente, eso hizo un día perfecto. 

    -Estoy increíblemente agradecida de poder guardar este momento para mí en mi memoria, como un recuerdo.

    Encarna es una enamorada de su pueblo, Villarobledo, tras años viajando a París y Madrid, trabajando y estudiando. Allí es adonde siempre regresa con cariño. 

En la tranquila calidez de la suave luz que baila a través de los árboles, aquellas imágenes la invitaron a sumergirse en las profundidades del campo por un momento, a sentir la tranquilidad y encontrar conexión. 

     Perdida en el encanto del campo, aquel paseo  la llevó a planear una vuelta al día siguiente para explorar aún más ese  hermoso entorno, ahora que la primavera parecía aproximarse, sintiendo que el contacto con esa tierra entrañable que la llenaba de nostalgia favorecía también una calma que no era capaz de encontrar en ningún otro lugar, como si su memoria le permitiera disfrutar mucho más que en ningún otro sitio, observar más atentamente… Unos sentimientos ligados a esos árboles, ese paisaje, ese árbol…

     La naturalidad de los pueblos… Sin duda, no hay nada como la paz y la tranquilidad del campo para sacudirse las tensiones. Los días de primavera están hechos para pasarlos en el campo, rodeado de naturaleza. La magia se produce allí. 

Nicoleta Talpa


El Banco más bonito del Mundo

 

   Faltaban pocos días para el día de san Valentín, y Verónica pensaba en su exnovio mientras paseaba por una avenida de su pueblo natal de La Mancha. Después de casi dos meses desde la noche en que puso fin a la relación, se preguntaba si había tomado la decisión adecuada, puesto que ya llevaban juntos más de dos años.

   Ella no pedía mucho, solamente una persona que la entendiera y que caminase a su lado, ni delante ni detrás de ella.

  Verónica era una joven abogada que, tras acabar un máster Internacional en el extranjero, trabajaba para un prestigioso bufete en España. No se había dado cuenta que su vida profesional no gustaba mucho a su exnovio hasta la Navidad anterior, cuando él la acompañó a la celebración de la cena de empresa. Allí, en un ambiente distendido, sus compañeros comentaron cuánto la apreciaban, lo talentosa que era y lo contentos que se sentían al tenerla como compañera. Él, después de tomarse unas copas, imitó su voz y sus ademanes, ridiculizándola y queriendo hacer entender a todos que exageraban sus alabanzas. Todos quedaron horrorizados, sin saber qué decir. Verónica, disimulando, lo arrastró amablemente fuera del restaurante y así acabó esa velada. Afortunadamente, él la siguió sin protestar y, al llegar a la calle, Verónica explotó y le dijo lo enfadada que estaba y cuánto se arrepentía de haberle presentado a sus compañeros. Le pidió que se marchara y desde entonces no había vuelto a verlo. Él actuó con absoluta indiferencia, ni siquiera dijo nada, ni la miró, y a grandes zancadas se alejó.     

   A sus treinta y dos años, al recordar aquella noche la invadía tal nerviosismo que no podía soportarlo, así que afortunadamente encontró un banco donde sentarse a descansar, muy cerca de una fuente. Entonces,  su rostro suave y redondo cambió, tenía una actitud romántica mientras miraba hacia el cielo esperando que el sol se escondiera.

  El viento soplaba sus cabellos castaños y le susurraba secretos bajo el ruido de la cascada del agua que caía, mientras disfrutaba del atardecer que dibujaba el cielo con tonos anaranjados colándose entre las nubes. El espectáculo la tranquilizó y durante un buen rato se olvidó de todo, extasiada.

   Y, así, bajo aquella luz, levantó la vista hacia el lado derecho del banco y vio muy cerca de ella a un chico moreno que la miraba inquieto. Unas gafas de sol ocultaban sus ojos, pero ella podía ver su sonrisa cuando se le acercó y se disculpó por invadir su espacio, sentándose a su lado. Él se había enamorado de ella de manera instantánea. Se quito las gafas y ella pudo ver sus ojos verdes, misteriosos, mirando en la misma dirección que ella.

   Unas horas después, la luna desde arriba reflejaba sus besos. Fue una sensación  tan tierna y tan única que ambos querían lo mismo, conocerse, como en un encuentro secreto, como en una dulce aventura.

    Aquella locura secreta vivida unos días atrás en aquel banco le había devuelto la ilusión a Verónica. A partir de aquel momento, la vida cobró otro sentido para ella, aquel chispazo entre ellos fue tan brutal que ya no pudieron separarse. 

    Unos días después, al despertarse sola, encontró sobre la mesilla de noche, apoyada en la lámpara, una carta dirigida a ella. Sorprendida, alargó el brazo para cogerla, la abrió y empezó a leerla:

“Hoy es nuestro día, amor. Durante mucho tiempo he esperado un amor como este. Han pasado muchos años pero sabía que vendrías.

¡Mucho éxito hoy con tu caso!

Esta tarde te espero en el banco más bonito del mundo.”

     Seguía sorprendiéndose con los continuos detalles y los buenos sentimientos que él le transmitía. Con solo imaginar su cara mientras le escribía aquella nota, se emocionaba hasta las lágrimas. Lo único que lamentaba era no poder tenerlo a su lado para abrazarlo, porque los enamorados no quieren separarse jamás. Su corazón se derretía y sentía que estaba viviendo una experiencia mágica, maravillosa, que igual que antes nada la había preparado para tantos sentimientos negativos, tampoco para aceptar que otra persona caminase a su lado y se sintiera orgullosa de ella, de sus logros y de todo lo que estaban viviendo juntos. Era tal la fuerza que esos sentimientos le producían que se sentía capaz de afrontar cualquier dificultad que surgiera.

    Leyó aquella carta mil veces antes de salir corriendo de la cama, pero tuvo que hacerlo para no llegar tarde al tribunal, donde tenía que defender un caso verdaderamente difícil.

    En el banco más bonito del mundo, Verónica conoció el amor sano, un amor de los que suma, donde no necesitas gritar tus logros porque tu pareja ya los ve y los celebra contigo.

Por la tarde, en esa fecha mágica, Verónica acudió a su cita y ambos volvieron a sentarse allí para disfrutar de un magnífico atardecer, con un sentimiento de plenitud y de seguridad. “Para siempre”. 

A veces, los lugares más inesperados pueden ser testigos de los momentos más significativos de nuestra vida.  

Nicoleta Talpa

              


El Perfume

 

Nicoleta Talpa
  Cuando Sofía llegó ese día de primavera a la playa no imaginó que aquel día le traería una gran lección. Ella aún no podía saberlo. Con la idea de comprar postales del mar, sus pasos la llevaron a un paseo muy cerca de la playa. Ese paseo se convirtió en una sala de arte al aire libre, donde los artistas compartían sus obras con los turistas.           Ellos tienen la capacidad de dar vida y llenar de color un lienzo y dejarnos con la boca abierta.

   Sofía se acercó a un pintor que estaba delante de su caballete con su paleta de colores en la mano. A su lado tenía varios cuadros al óleo con paisajes marinos. El color del cielo y del mar es el que se podía apreciar en las demás obras, pero a ella le llamaron la atención los colores que había en ese cuadro en el que el pintor estaba trabajando, que era como un regalo para sus ojos.

Luz y emociones.

 

Nicoleta Talpa
 Aquel día, Alejandra abrió la puerta de la clase con timidez. El sudor corría por su frente, ni siquiera recordaba como llegó a la escuela de arte.

Sus padres la animaron de pequeña a dibujar diciéndole que tenía mucho talento y que detrás de esa timidez se escondía un genio. El sueño de su vida era ser una gran artista.

Ella dibujaba con pasión, creía que en lo artístico había encontrado la forma de expresarse para defenderse de su timidez e inseguridad.

Unos años más tarde se apuntó a un curso de pintura en una escuela privada, su idea era formarse, desarrollar su creatividad, conocer a gente nueva y quizás algún día tendría su propia exposición.

La Ventana

   Desde aquel sitio privilegiado para escudriñar el puerto de montaña, Eva asumió el papel de observador.

  Ver los cambios de temporadas desde su ventana se convirtió en algo imprescindible de su vida. Viajó a través de esa ventana y vio y sintió cosas  que nunca antes había visto. 

  Desapareciendo en el bosque absorbida por la naturaleza escuchando un “coro” de pájaros o escondiéndose detrás de aquellos acebos, robles, cerezos y avellanos que hacían de ese lugar ,un lugar de ensueño, vio pasar las cuatro estaciones.

Un tiempo para nosotros

 

Nicoleta Talpa. Novelista y escritora
¡Quién no sueña con un día de verano donde la arena y las olas compartan contigo respiraciones sin aliento que arden de amor!

Aquí. Donde reina el silencio y mi alma baila con el viento.

Aquí, en la Isla, en esta playa salvaje protegida por las rocas.

Aquí, donde el nuevo día aleja la noche revelando mariposas y gaviotas… Cierro los ojos y me dejo mecer por el sonido de las olas y el rugido del océano.

Las olas golpean la costa y las gaviotas vuelan sobre mí, y todo esto me hace sentir como si estuviera caminando en un sueño. Pero te veo apoyado contra una roca y tu cálida voz y el movimiento de tu mano me hace ir a tu encuentro.

Se nos hunden los pies en la arena blanca y fina mientras paseamos hasta llegar a la orilla de aguas cristalinas color turquesa.

Me sienta bien escuchar el sonido de las olas y mirar los cielos de vainilla reposando mi cabeza en tu hombro.

De tu mano descubro los secretos de la isla, me siento protegida al probar el roce de tu piel. Sé que hay manos que dan vida, acariciando, sosteniendo… De la tuya voy caminando como un hada hacia un mundo oculto de magia, cubierto de brisa salada, donde conchas y océano se besan…

  Caigo rendida al embrujo de las Cíes y de ti… Y de la playa de Rodas, donde paseamos y recorremos todo su arenal saltando olas de aguas frías, atlánticas, riéndonos…

,,Cuando tengas frío estaré allí para abrazarte. Mi única ilusión es levantarme cada mañana, volver a empezar y saber que debo buscarte…,,.

Hemos recorrido otras playas cercanas, atravesando los bosques que alimentan la sombra de los caminos, pero llegó un momento, al atardecer, en que la marea alta hizo desaparecer la playa y nos obligó a escalar las rocas que sobresalen al final del arenal.

Ahora sigo aquí, a la orilla, donde tus palabras me acarician con tu voz, me seducen en un calma perfecta. Me encanta el relax que produce el sonido de las olas, contemplando la salida del sol mientras al fondo escuchamos música de jazz, tomando una copa de vino y mirando el horizonte en esta noche de verano.

Las olas no sólo mojan, también pueden dar instantes, escenas que enriquecen una mirada… ¡Qué bien sienta compartirlo contigo…!

Nos mira la noche, las estrellas aparecen y en el cielo misterioso contemplamos con asombro la constelación de Escorpio. 

   Hoy aquí nos sonríe el tiempo, sin horas, solo instantes donde nuestras miradas se buscan… De todas las personas del mundo solo hay una persona que te haga vibrar, solo una que tocará tu piel sin tocarte y a la cual tú sentirás y también tocarás… Es en este lugar donde las miradas se han cruzado sin importar el qué dirán, el dónde, el cuándo o el porqué. 

La luz de los guardianes de la noche nos roza, nos observa. Los faros nos iluminan hasta donde no podemos llegar… Hasta allí, donde la leyenda dice que en noches de tormentas se ve hundirse un barco pirata.

Aquí, estamos aquí delante de las arrugas del tiempo.

–¡Sigue soñando! Quiero que vivas cada instante feliz, con esa sonrisa.

Que los años pasen y además de arrugas nos dejen buenos recuerdos. Bucearemos a través del océano…

–No sé qué decir…

–No digas nada, déjate llevar y disfruta del viaje…

Texto: Nicoleta Talpa

Raíces

 
Nicoleta Talpa
Amor, perdón por estar desaparecida. Si no me encuentras a bien seguro andaré…

Estaré buscando historias por las calles de algunos de esos pueblos bonitos de la Mancha. Hay quietud en los molinos. Pues, resulta que los molinos de viento también me quieren contar alguna historia. 

Comencé a escuchar a mí intuición y me deje llevar, como en un sueño…Aprendí ha nadar por el sonido de la música hasta que llegue delante de una Laguna.

¡ Un auténtico paraíso turquesa!

  Es como tener delante una gran pintura hecha de la naturaleza. La naturaleza siempre crea las piezas de arte más asombrosas. 

En las orillas hay carrizo, espadaña, juncos y masiegas que están contorneando la Laguna. Supongo que sirven a las hermosas aves que habitan en estos lugares. La luz parece desparramarse para difuminar las formas transmitiendo una enorme relajación. 

¡ Detente!¡Olvida las prisas! Siéntate y disfruta…

Me quedé en calma sentada en el tronco de un álamo que tiene las raíces por todas partes. El maravilloso silencio…El silencio me deja apreciar otros sonidos de fondo : el murmullo del la Laguna, el movimiento de las hojas de los árboles, el trino de fondo de los pájaros…Y, así disfrutar de un momento maravilloso. 

Las raíces siempre tienen que ir con nosotros allá ha donde vayamos, pensé al ver esos raíces por debajo de la tierra y por dentro de la laguna. Ellas son los receptáculos del amor, los valores más altos, el lugar donde nacen los sueños y el hogar del alma, y ,seguro que me dejo muchas más…Es algo que solo una mujer lo puede entender, porque este lugar es único, como cada mujer. Dicen que ahora las mujeres somos increíblemente interesantes, somos más seguras de nosotras mismas , más creativas. Hay muchas historias de mujeres donde sus huellas se habían invisibilizado y olvidado simplemente y llanamente por ser mujeres. La historia nunca se debe olvidar, esas mujeres vivieron una generación bonita, entre grietas y heridas nos han dejado claro que hay motivos para ser feliz y disfrutar del amor verdadero. Nos han enseñado que las raíces de la vida son del fondo del alma, y que sólo soñando mil millones de sueños puedes conseguir ser tu misma. Cada experiencia nos hace crecer, nos hace aprender, nos hace seguir…

Mirando por debajo de las ramas descubrí tres impresionantes  cascadas fluyendo. Los sonidos calmantes del agua de las cascadas me  hacen experimentar la magia y la belleza  de cada pequeño rincón.  Seguro que no me lo perdonaría jamás si no llegaría hasta ellas.  Tenía que acercarme más hacia ellas y fotografiarlas antes que se pierdan en el olvido. Fui pisando por las raíces que estaban por debajo del agua y me abrí un camino, sujetándome de las ramas que bordean la laguna. 

- Ven! ¡ No tengas miedo!…

Paré un momento, el miedo …No se puede  vivir con miedo toda la vida, cada uno tenemos el futuro en nuestras manos y  podríamos cambiar nuestra suerte. Construye …Aprende…Crea…

-“Te quiero a ti, a tus miedos e inseguridades, eres amor y fuego,  inteligencia y sencillez,  fuerza y sensualidad…Como no quererte…,,

Me haces sentir cosquillas y besos al recordar tus palabras… Soy feliz cuando te traigo a mi
mente. Quiero decirte, amor, que la imaginación vuela como tantas veces hizo…Fantaseando que soy una mariposa que besa tus labios, tímidamente, para sentir la fragancia de tus besos antes de decirte buenos días. 

Al miedo le cuento que pierde el tiempo, escucho un susurro débil  en mi cabeza que me repite que todo estará bien y eso me hace seguir.  Me sienta bien estar perdida en este verde, bajo esas sombras  de azul que están creando una banda azul en el horizonte.

Que importantes son los susurros de la mente, nos hace luchar y vencer nuestros miedos. Me di cuenta que en realidad urge vivir intensamente estos momentos para que no se pierdan jamás en la inmensidad del universo.

Yo también soy una más con sueños, como millones de otras mujeres  que quieren escribir sus historias. He aprendido a seguir mis latidos. Mi historia nunca dependió de nadie, solo de mí, de mi mente, de mi ser, de mis raíces. Hay trayectos que a pesar de ser difíciles siempre resultan bonitos, como está escena, es mágica porque es efímera, es solo un breve instante…Escribiré mi historia, y lo contarán las cascadas…Porque ellas lo saben todo. Mi fuerza está en el amor…

Todos los derechos reservados © Nicoleta Talpa 

Remolino de hojas

   No sé si los árboles sabrán que desde el momento en que sus hojas se desprenden de ellos y caen a sus pies para nutrir la tierra y proteger sus raíces, vuelven a ellos.

   Ojalá pudiera poseer la sabiduría, sentir lo que siente una hoja que se acarició con el viento volando hasta llegar a besar la tierra. Sentir lo que siente cuando coquetea con el sol y cambia de color. Y lo que siente bajo la luz de las estrellas, bajo las nubes, bajo la lluvia…

   Huele a tarde de otoño, a tierra mojada, a flores y hojas secas, la luz del sol pierde su intensidad y calidez…La nostalgia nos invade…

    Estamos aquí, en medio de un bosque, recogiendo hojas, rojas y doradas, de un remolino que forma el viento.

   Y escribo sobre ellas con una pluma, con una tinta indeleble de amor, las transformo en páginas donde escribo nuestra historia, la que vivimos.

    Al final del camino, llegamos a un lago donde encontramos un muelle de madera degradado, roto, que parece haber salido de otros tiempos, donde hay atracado un barco abandonado y medio podrido. El muelle de madera nos permitió adentrarnos en un espacio muy romántico, invisible para el mundo. Llevamos hojas al barco y nos sentamos en un rincón, disfrutando del paisaje. ¡No sabía que existiera un entorno tan bonito en este lago! ¡Nadie sabe lo que siento a tu lado!   

 Al mirarnos, tu sonrisa me recordó los secretos, los temblores de piernas, ese sentimiento de ser una diosa para ti cunado hacemos el amor. Cojo hojas y escribo sobre instantes del pasado que nadie nos puede arrebatar ni cambiar, y que nos hacen sentirnos especiales, únicos…Escribo mientras tú me miras, la luz y la risa de tus ojos dicen:

“Te haría el amor, sea donde sea”

  Cubiertos de hojas, arropados por los recuerdos, escuchamos la música de las hojas que danzan. A veces parecen teclas de un piano, o tal vez las cuerdas de un violín llorando de añoranza.

  Sin dejar de escribir, las hojas empiezan a cobrar vida propia, se convierten en una manta de colores. Inmarcesible.

Mi boca se queda muda, sin importar el tiempo, pero mis manos bailan al compás de la pluma. El barco se balancea mientras te levantas y caminas decidido por el viejo muelle, sin miedo, hasta llegar al bosque para recoger hojas que, cuando apenas llevo escritas cuarto letras, ya me estás arrojando con los brazos extendidos.

- ¡No pares de escribir…!¡No pares de sonreír…! ¿Me lo prometes?

- Te lo prometo…

  La noche está a punto de llegar, pero quiero disfrutar más, pretendo no desperdiciar ningún segundo a tu lado. Todavía quedan hojas y todavía me quedan palabras, tú me miras sonriendo y sentimos esa complicidad que hay entre nosotros incluso cuando no hacemos ni decimos nada.

   Estas a gusto y  me gusta, y me gusto ahí…Nos apetece quedarnos, no sentimos frio porque estamos bien arropados… Me conoces,  soy  así, sería  capaz  hasta de cruzar el lago en este barco solo para quedarme un poco más en tus brazos. 

   Abrázame, me gusta dormir entre tus brazos, siento cosquillas en mi espalda cuando dibujas palabras con tus labios. Bajo la manta respiro tu aroma y saboreo cada uno de tus besos.

   Dejemos que la luna nos enseñe la belleza del camino esta noche…Guardaré esta manta y mañana recogeremos más hojas. Tendré que hablar con los árboles, sé que entenderán que las necesitamos para nutrir nuestras raíces porque los árboles tienen delicado el corazón y el alma libre. Y es que, si nosotros hacemos lo que sentimos, se hará eterno lo que nos hace felices…

       Todos los derechos reservados © Nicoleta Talpa


La historia de una habitación

Esta historia la trae el viento.

   Era ya tarde. Un día cualquiera al atardecer. El sol se dejaba caer, era uno de esos atardeceres que no quieres que se acaben, rojos y naranjas, infinitos como algunos recuerdos…

    Me gustan las ganas, el fuego que siento, no puedo controlar el amor que siento por él. Solo él sabe que hay un lugar al que voy, hoy vuelvo allí y solo allí el tiempo se detiene. Aquel lugar es donde revelo el misterio de la vida y somos felices cuando estamos juntos allí.

El Juguete

Nicoleta Talpa

La máquina de escribir es elegante. Para algunos es solo una pieza para decorar un rincón  de la casa, o de su oficina, para conseguir un ambiente agradable. Pero para mí, forma parte de mi vida, yo escribo con ella a diario. Me encanta el sonido, escuchar el clack, clack, clack, de la máquina, disfruto escribiendo con ella. Mis dedos ya están acostumbrados a golpear las teclas, es cierto que no puedo olvidar lo que me costó lograrlo. Días y noches estuve insistiendo desde aquella noche  mágica en que me la trajeron los Reyes Magos. 

Aquel año escribí la carta a Sus Majestades, acompañada por el dibujo de una estrella de Oriente que le había enseñado a dibujar a mi hermana pequeña. Mi hermano mayor también enseño al pequeño a escribir su carta:

–Tenéis que disfrutar juntos y cuidar unos de otros –dijo mi padre.

"La Navidad"

   

   Estaba ante una de las decisiones más trascendentales de mi vida y el pánico a equivocarme, a tomar una vez más la decisión errónea, me impedía dormir. Sabía que la decisión era una de las que me iba a cambiar la vida, pero recordé la sonrisa y la mirada de Nicolás cuando me invitó a pasar la Navidad junto a él en una cabaña en la  montaña y no pude resistirme a su encanto. Reconozco que lo que más me animó a iniciar este viaje fue la emoción de poder pasar la  Navidad bajo la nieve. Era la primera vez.

     Nicolás es lo que siempre he deseado encontrar en un hombre: sencillo, sereno, creativo, con objetivos claros en la vida y que lucha por ellos. No niego que estoy enamorada de él y que me atrajo desde el primer momento que nos conocimos, para mí tiene un magnetismo indefinible. Pero también temo que me deje cuando me conozca mejor, o quizá le parezca aburrida o inmadura. Es cierto que en los últimos años me he centrado tanto en mi trabajo que he abandonado mi vida social, llegando incluso a evitar a la gente porque estoy tan desacostumbrada que me molestan los compromisos, siento que me restan libertad o me incomodan las recomendaciones sobre lo que debo o no debo hacer. En definitiva, tengo pocos amigos pero son a prueba de todo.

"Paseando entre mis flores" del libro "Deseos-Dorinte" de Nicoleta Talpa

Nicoleta Talpa
    "Cada rosa te transporta a un mundo diferente entre la realidad y la fantasía"
 He cruzado el jardín, paseado entre mis flores , los envidiables rosales pintados de colores. Nos sentimos atraídos por el aspecto de una rosa, pero necesitamos apreciar su perfume para emocionarnos. Cuando la miramos, sentimos el impulso de acercarnos e inhalar su fragancia. Tomándola, nos satisface con su asombrosa delicadeza, nos sentimos agradecidos por tenerla ante nosotros.
   Un Rosa tiene mucho poder sobre nosotros : puede decir un te quiero sin palabras , puede pedir perdón, puede sacar una sonrisa dulce cuando se necesita. Entre sus pétalos pueden transmitirse sentimientos, como :”¿ Dudas que te querré siempre igual?”, o “Mi corazón te es fiel, solo te quiere a ti”…
  Pensando en cada Rosa individualmente, podemos sentir su olor, sus diferentes matices, que nos transporta a un mundo diferente, entre la realidad y la fantasía.
  Las Rosas blancas son símbolo de pureza e inocencia, por eso pienso que son las más hermosas.

"Día a día" es el título del segundo libro publicado por Nicoleta Talpa, escrito durante la pandemia.

  Nicoleta Talpa traspasa prejuicios gracias a su afán por conocer nuevas culturas y vive un apasionado recorrido vital, más allá de lo que hubiera podido imaginar. Confía en el destino, en sus intuiciones y sueños, en sus fuerzas, e intenta cumplir sus deseos... 
     Día a Día, es el  segundo libro publicado por Nicoleta Talpa, escrito durante el confinamiento y publicado el pasado año, la autora relata el proceso de recuperación psicológica y profesional de Eva, una joven mujer y madre que ha sufrido malos tratos y abusos en su matrimonio. Su vida da un giro cuando se reencuentra con Adur, un antiguo vecino de la infancia, justo antes del confinamiento por el covid.