Estaba ante una de las decisiones más trascendentales de mi vida y el pánico a equivocarme, a tomar una vez más la decisión errónea, me impedía dormir. Sabía que la decisión era una de las que me iba a cambiar la vida, pero recordé la sonrisa y la mirada de Nicolás cuando me invitó a pasar la Navidad junto a él en una cabaña en la montaña y no pude resistirme a su encanto. Reconozco que lo que más me animó a iniciar este viaje fue la emoción de poder pasar la Navidad bajo la nieve. Era la primera vez.
Nicolás es lo que siempre he deseado encontrar en un hombre: sencillo, sereno, creativo, con objetivos claros en la vida y que lucha por ellos. No niego que estoy enamorada de él y que me atrajo desde el primer momento que nos conocimos, para mí tiene un magnetismo indefinible. Pero también temo que me deje cuando me conozca mejor, o quizá le parezca aburrida o inmadura. Es cierto que en los últimos años me he centrado tanto en mi trabajo que he abandonado mi vida social, llegando incluso a evitar a la gente porque estoy tan desacostumbrada que me molestan los compromisos, siento que me restan libertad o me incomodan las recomendaciones sobre lo que debo o no debo hacer. En definitiva, tengo pocos amigos pero son a prueba de todo.
